21, Junio, 2020

Vida y muerte, física y filosofía

Stephen Hawking ponía la ciencia por delante de todo, no solo cuestionaba a Dios, también a la filosofía. Pero la ciencia, especialmente la mecánica cuántica, realmente está tan cerca de la filosofía que quizá ambas sean la misma cosa.

"Biocentrismo", estos útimos dias tan extraña palabra se escribe en las noticias científicas para definir la, tambíen extraña, teoria del cientifíco estadounidense Robert Lanza según la cual la muerte no existe —noticia que reflejamos en esta página, en nuestra sección de últimas noticias destacadas de ciencia y tecnología.

Según el Dr. Lanza, la física cuántica, particularmente dificil de comprender y que sorprende por concepciones tan aparentemente ilógicas en relación con el habitual discurrir de nuestra vida cotidiana, también nos puede indicar que la muerte no es el final. Pues la vida, el Universo, el tiempo y el espacio, son cosas subjetivas. Así, el Universo, más que algo concreto, sería una cierta percepción de la conciencia, y el tiempo y el espacio meros instrumentos de la mente. En este mismo sentido, hace unas semanas publiqué aquí un artículo: El tiempo no existe.

Pero esta noticia tambien me ha despertado hoy una especial atención porque hace algunos años publiqué algo que encaja, prácticamente, con la total concepción de la teoría del Dr. Lanza. Se trata de una de las reflexiones de mi libro Dios somos nosotros mismos:

 

Nuestra existencia se nos antoja
como una especie de novela
que con la muerte terminará.

Pero ¿quiénes somos nosotros
para señalar el final
de lo que aún ignoramos
su principio original?
¿Cómo saber si es toda la historia
o un capítulo más?...

Sospecho que todo es
teatro de la eternidad,
siempre con los mismos actores,
que sólo cambian de disfraz.

No hay muerte, solo vida
y mágicas apariencias.

 

Parece bastante evidente que, por un lado el filósofo y por otro el científico, ambos hablamos de la misma cosa. Y justamente esto, que la filosofía y la ciencia, aunque no siempre con las mismas palabras, terminen hablando de la misma cosa, es tambien un aspecto de este asunto que excita mi atención al recordar otro artículo en el que, aprovechando argumentaciones finales del mismo, criticaba al científico Stephen Hawking por su libro El gran diseño. Libro en el que —aparte de estar en completo desacuerdo con su teoría, basada en el Big Bang y la gravedad, sobre la formación del Universo— me pareció un especial error por su parte, ya al principio del libro y en esto de saber sobre nuestra naturaleza, menospreciar al histórico método de los humanos para desentrañar sus misterios, afirmando que la filosofía ha muerto. En absoluto. Pero no solo, tal como acabamos de ver con esta nueva teoría, sobre la que filósofo y científico se encuentran en una misma conclusión, sino porque hubo quien, cientos de años antes, a su manera, nos advirtió en el mismo sentido. Mi artículo, Ruedas física y filosofía, que hablaba de los efectos visuales, entre ellos del cine, que influyen en nuestra percepción de la realidad terminaba así:

Ante el color rojo, por ejemplo, todas las personas con una vista sana ven, efectivamente, el color rojo, pero dificilmente hay dos seres humanos que vean el mismo rojo. Y si recordamos que la luz blanca no existe, que es el efecto de nuestra incapacidad de captar directa y diferenciadamente la totalidad de los colores que componen tal fantasía, los conceptos aparentemente extremos de realidad e ilusión, física y filosofía, terminan fundiéndose. Muy a pesar de las afirmaciones de los renombrados científicos Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, que construyeron ese gran disparate denominado El Gran Diseño, en el que, ya desde el primer capítulo, aludiendo al concepto de la realidad, empiezan a mostrar su desatino: «Tradicionalmente, esta es una cuestión para la filosofía, pero la filosofía ha muerto».

Acabamos de entretenernos un buen rato examinando docenas de páginas escritas, analizando películas con programas especializados y realizando cálculos matemáticos. Todo ello para reconocer finalmente lo que, sin física ni matemáticas, el filósofo y teólogo renacentista Nicolás de Cusa resumió, hace seiscientos años en apenas seis palabras:

«Yo soy porque tú me ves».

Por otro lado, doscientos años más tarde, William Shakespeare nos dejaba una observación cuya profundidad está a la altura de su aguda inteligencia:

  «Somos del mismo material con que se tejen los sueños».

Y es que la filosofía siempre va por delante de la ciencia. Porque la filosofía es la capacidad del hombre para investigar su naturaleza y percibir la verdad sin regla ni compás, sin medios técnicos. Lo que ha aprendido a hacer durante la mayor parte de su existencia. El día que muera la filosofía será porque el ser humano ha muerto, o porque ya lo sabremos todo.


*Imagenes, composición propia con originales de Wikipedia y NASA

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