Ya no hay lideres

 

No hace mucho tiempo quizá hayan visto la amplia campaña publicitaria de un banco, el BBVA, cuyo lema en carteles y otros tipos de anuncios era: «Tenlo todo a cambio de nada». Se trataba de un mensaje al pensamiento que predomina hoy, en realidad toda una síntesis del mismo. La publicidad tiene que conectar con la mentalidad más generalizada de la población, especialmente en este caso con la juventud. Y así parece ser nuestra mocedad, o así se le educa: tenerlo todo sin dar nada, o lo menos posible, a cambio. Sin esfuerzos, sin sacrificios. Incluso estudiando lo mínimo imprescindible, se puede pasar curso de enseñanza media con asignaturas pendientes —posibilidad que el gobierno aún desea ampliar para seguir comprando votos fáciles— y obtenerse becas sin necesidad de mucho más que un aprobado. Hasta el presidente plagió su tesis, y ahí está, de presidente; incompetente, por supuesto. Con tales ejemplos cómo vamos a tener verdaderos líderes.

Winston Churchill fue el verdadero líder de la 2ª Guerra Mundial —quizá del siglo XX—, estimuló constantemente la moral de su pueblo y presionó a Estados Unidos para involucrarse en la guerra contra otro líder, uno de los más macabros de la Historia. Ghandhi lideró la batalla política por la independencia de la India, así como Martín L. King luego lucharía en Estados Unidos en favor de los derechos de los afroamericanos. John F. Kennedy no solo impulsó la carrera espacial que terminaría con el primer hombre en la Luna, de forma silenciosa, incluso creándose enemigos en el gobierno, evitó un grave enfrentamiento con Rusia y una peligrosa escalada armamentística; lo que, quizá, le costó la vida, como a Gandhi y a Martín L. King. Pero así son los líderes, los verdaderos, ellos sí lo dan todo porque no pueden vivir sin hacer lo que les dicta su conciencia.

Hoy, cuando nuestra soberbia tecnología se derrumba súbitamente ante una minúscula molécula viral y se muestra indecisamente cobarde ante una guerra que es un verdadero atraco, una masacre asesina de personas, libertades y principios, no veo líderes de tal madera, no los hay. Las democracias de nuestros tiempos y la tecnología han implantado un sistema de vida cómodo y distraído que nos ha relajado y despreocupado, tanto de afrontar los nuevos retos de la humanidad como de proteger los que ya parecían superados.

La personalidad ha desaparecido también en el bando de los malos. Incluso los líderes más tétricos de hoy, como Maduro o Kim Jong, ni siquiera les llegarían a las suelas de los zapatos de Fidel Castro o Stalin; aunque aún conservan su malvado dominio. Mientras que en el lado de los aparentemente civilizados democráticamente, su incompetencia les impide hacer bien el bien y lograr éxitos relevantes para sus ciudadanos. En Estados Unidos, tras el liderazgo de un millonario, un simple millonario algo disparatado, hay un anciano algo despistado. En Rusia Putin, que hoy tiene al mundo chantajeado, no es un líder, sino un agente de la KGB metamorfoseado de forma sibilina en dictador, un listo que supo llegar al poder precisamente por la falta de líderes. Y en España, también por lo mismo, por la falta de líderes, tenemos un niño pateando la Moncloa, la política del país, y paseándose en el Falcon por todas partes.

 


*Imágenes, Wikipedia

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Ya no hay verdaderos líderes

Ya no hay lideres

 

No hace mucho tiempo quizá hayan visto la amplia campaña publicitaria de un banco, el BBVA, cuyo lema en carteles y otros tipos de anuncios era: «Tenlo todo a cambio de nada». Se trataba de un mensaje al pensamiento que predomina hoy, en realidad toda una síntesis del mismo. La publicidad tiene que conectar con la mentalidad más generalizada de la población, especialmente en este caso con la juventud. Y así parece ser nuestra mocedad, o así se le educa: tenerlo todo sin dar nada, o lo menos posible, a cambio. Sin esfuerzos, sin sacrificios. Incluso estudiando lo mínimo imprescindible, se puede pasar curso de enseñanza media con asignaturas pendientes —posibilidad que el gobierno aún desea ampliar para seguir comprando votos fáciles— y obtenerse becas sin necesidad de mucho más que un aprobado. Hasta el presidente plagió su tesis, y ahí está, de presidente; incompetente, por supuesto. Con tales ejemplos cómo vamos a tener verdaderos líderes.

Winston Churchill fue el verdadero líder de la 2ª Guerra Mundial —quizá del siglo XX—, estimuló constantemente la moral de su pueblo y presionó a Estados Unidos para involucrarse en la guerra contra otro líder, uno de los más macabros de la Historia. Ghandhi lideró la batalla política por la independencia de la India, así como Martín L. King luego lucharía en Estados Unidos en favor de los derechos de los afroamericanos. John F. Kennedy no solo impulsó la carrera espacial que terminaría con el primer hombre en la Luna, de forma silenciosa, incluso creándose enemigos en el gobierno, evitó un grave enfrentamiento con Rusia y una peligrosa escalada armamentística; lo que, quizá, le costó la vida, como a Gandhi y a Martín L. King. Pero así son los líderes, los verdaderos, ellos sí lo dan todo porque no pueden vivir sin hacer lo que les dicta su conciencia.

Hoy, cuando nuestra soberbia tecnología se derrumba súbitamente ante una minúscula molécula viral y se muestra indecisamente cobarde ante una guerra que es un verdadero atraco, una masacre asesina de personas, libertades y principios, no veo líderes de tal madera, no los hay. Las democracias de nuestros tiempos y la tecnología han implantado un sistema de vida cómodo y distraído que nos ha relajado y despreocupado, tanto de afrontar los nuevos retos de la humanidad como de proteger los que ya parecían superados.

La personalidad ha desaparecido también en el bando de los malos. Incluso los líderes más tétricos de hoy, como Maduro o Kim Jong, ni siquiera les llegarían a las suelas de los zapatos de Fidel Castro o Stalin; aunque aún conservan su malvado dominio. Mientras que en el lado de los aparentemente civilizados democráticamente, su incompetencia les impide hacer bien el bien y lograr éxitos relevantes para sus ciudadanos. En Estados Unidos, tras el liderazgo de un millonario, un simple millonario algo disparatado, hay un anciano algo despistado. En Rusia Putin, que hoy tiene al mundo chantajeado, no es un líder, sino un agente de la KGB metamorfoseado de forma sibilina en dictador, un listo que supo llegar al poder precisamente por la falta de líderes. Y en España, también por lo mismo, por la falta de líderes, tenemos un niño pateando la Moncloa, la política del país, y paseándose en el Falcon por todas partes.

 


*Imágenes, Wikipedia

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