12, Enero, 2020

Ruedas, física y filosofía

Cierto día, en conversación con mis hermanos, uno de ellos planteó una curiosa pregunta: «¿Por qué en algunas películas las ruedas de los coches giran al revés?».

Pues no sé, dije yo, será algún especial efecto óptico. También, pensé, quizá en errores de montaje, al recordar cómo en alguna ocasión he visto, por ejemplo, un reloj que aparece en segundo plano de la escena de alguna película con el segundero girando al revés. Razonando posteriormente comprobé que esta no podía ser la causa, y ante la insistencia de mi hermano y los apuntes poco convincentes de otros, decidí buscar información en Internet. Escribi sobre el asunto en la caja de Google y entonces apareció una enorme lluvia de resultados. ¡Increíble!

¿Cómo es posible que una cuestión de este tipo genere tantos artículos, comentarios y hasta largos debates en distintos foros?… Que si error óptico, que si la frecuencia de la luz, el efecto estroboscopico… Ante tal cantidad de opiniones e información, uno termina dudando de todas. Es posible que entre ellas esté la verdadera explicación, pero ¿cuál será?… Pude encontrar artículos firmados por supuestos profesores y otros por ciertos especialistas de cine. Pero lo que más me llamó la atención fue precisamente la opinión de alguien que decía ser operario de montaje de películas y daba la misma explicación que yo, a falta de otra información, le había dado a mi hermano, la del montaje al revés, invertir horizontalmente la película... Sin embargo, no me convencía del todo.

Pensándolo bien, aunque se cambie la orientación del plano, las ruedas seguirán girando en dirección opuesta al movimiento del vehículo. Por tanto, si resulta que un especialista comete el mismo error que yo, ¿de qué opinión voy a poder fiarme? Así pues, pensé que lo mejor sería investigarlo por mí mismo.

Lo primero que podía hacer era comprobar las opiniones que hablaban sobre efecto óptico derivado de la imperfección del ojo humano. Para ello bajé de Internet algunas películas de vehículos en movimiento y las analicá con un programa de edición de video. Estos programas permiten modificar la velocidad de reproducción (fps, fotogramas por segundo). Si se trataba de un efecto óptico derivado de la velocidad de la película, éste debía desaparecer al modificarla. Pero de ninguna manera la rotación invertida desaparecía. A una velocidad más lenta se hacía más apreciable, y a una velocidad más rápida simplemente se disimulaba un poco.

Revisando detenidamente las secuencias de los fotogramas creo que encontré la explicación. El error no puede modificarse, está inmerso en la propia grabación de la película y nada tiene que ver la iluminación en el asunto. En las películas que seleccioné no había luz artificial, era natural; y la luz natural es directa, no se propaga por ciclos como la luz eléctrica, cuya frecuencia, alterada, podría provocar impresiones especiales. Además, por si pudiera sospecharse de la incidencia de los rayos del sol en los reflectantes radios de los discos de metálicos, la toma de uno de los coches estaba realizada opuestamente a la dirección de la luz solar.

La razón de este curioso efecto está en la posición de los radios de las ruedas en relación con la nueva posición grabada en el fotograma siguiente. De tal relación depende que veamos ciertos efectos no reales. En la proyección de películas con vehículos en movimiento, no solo podemos observar a veces que las ruedas giran al revés, también el que en ocasiones ni siquiera giran y parecen estar quietas mientras el automóvil se desplaza como patinando. Se debe a la misma causa, pero con valores diferentes.

Este último efecto, la impresión de patinar  el vehículo con las ruedas quietas, es el más fácil de explicar y que podemos tomar como base inicial para comprender estos curiosos fenómenos visuales. En este caso lo que sucede es que las revoluciones a las que giran las ruedas son un múltiplo de los fps (fotogramas por segundo) de la cámara de grabación. Es decir que entre fotograma y fotograma han trascurrido un número de vueltas completas y los radios de las ruedas han sido fotografiados siempre en la misma posición.

Y partiendo de la base de que los fps no los modifica el operador de la cámara, tal sensación se mantendrá en la película hasta que el conductor del vehículo altere la velocidad de tal forma que las revoluciones de las ruedas dejen de ser un múltiplo de los fps.

Bien, ¿qué pasa entonces con la pregunta inicial?, ¿por qué vemos a veces girar las ruedas al revés?… La respuesta está en que la velocidad es diferente respecto al caso anterior: no hay multiplicidad entre los números relativos a las revoluciones de las ruedas y los fps de la cámara; y la división entre tales números da como resultado una cifra decimal. Este es el secreto, las ruedas aparentarán un estado o tipo de movimiento según sea el resultado de la división: si el decimal es cercano a la unidad anterior (0,1 por ejemplo) veremos avanzar las ruedas en la dirección del vehículo, pero si el decimal es cercano a la unidad siguiente (0,8) se sucederá la apariencia de que retroceden. Para todas estas alteraciones visuales no importa la velocidad del vehículo, sino su relación con la velocidad de la cámara (rpm/fps).

Variaciones intermedias de estos extremos que hemos puesto de ejemplo, 3,2 – 3,3 – 3,4… o, por el otro lado, 3,7 – 3,6 – 3,5…, serán consecuencia de las variaciones del movimiento del vehículo y provocarán efectos cercanos a los anteriores, aunque menos distinguibles. Y, en cualquier caso, ninguno reflejará la realidad.

Pero… ¿qué es la realidad?

Hemos visto que basta con modificar una combinación numérica para que, de nuevo, nuestra percepción visual sea engañada. Engaño que, a su vez, es posible gracias a otro anterior, el que nos permite ver movimiento donde sólo hay una sucesión de imágenes estáticas. El ojo humano parece que puede percibir, aproximadamente, unas 12 imágenes por segundo, y a partir de unas 13 fotos correlativas empieza a percibir sensación de movimiento donde no lo hay; el standar cinematográfico es de 24 imágenes por segundo.

Una mosca, sin embargo, con su pequeña envergadura es capaz de percibir entre 100 y 300 imágenes por segundo. Para ella no existe el cine; vive en nuestro mundo y su realidad es bien distinta. Entre nosotros también hay percepciones diferenciadas que, en líneas generales, no apreciamos. Los humanos no podemos ver todas las longitudes de onda de la luz, pero incluso los límites del espectro visible no son exactos en todas las personas y el rango de onda que determina un color es diferente en cada individuo. No somos máquinas hechas con piezas exactas que se han tallado en serie. Estamos construidos por combinaciones químicas que tienen sutiles diferencias. Ante el color rojo, por ejemplo, todas las personas con una vista sana ven, efectivamente, el color rojo, pero dificilmente hay dos seres humanos que vean el mismo rojo. Y si recordamos que la luz blanca no existe, que es el efecto de nuestra incapacidad de captar directa y diferenciadamente la totalidad de los colores que componen tal fantasía, los conceptos aparentemente extremos de realidad e ilusión, terminan fundiéndose.

Acabamos de entretenernos un rato con este artículo, tras haber examinado docenas de páginas escritas sobre el asunto. Hemos analizado películas con programas especializados, hemos realizado cálculos matemáticos… Todo ello para reconocer finalmente lo que, sin física ni matemáticas, el filósofo y teólogo renacentista Nicolás de Cusa resumió, hace seiscientos años en apenas seis palabras: «Yo soy porque tú me ves». Y es que la filosofía siempre va por delante de la ciencia. Porque la filosofía es la capacidad del hombre para investigar su naturaleza e intentar percibir la verdad sin regla ni compás, sin medios técnicos. Lo que ha aprendido a hacer durante la mayor parte de su existencia. El día que muera la filosofía será porque el ser humano ha muerto, o porque ya lo sabremos todo.


*Imágenes, composición derivada,

Wikipedia, extractos de: Pruebas Toyota RAV4 (coches.net)

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