29, Septiembre, 2019

El muro

Mientras te espero en la terraza del bar, en este espacio de cemento lleno de mesas y sillas ahora vacías, me distraigo mirando a mi alrededor. La sombra de viejos edificios y la ausencia de tráfico de vehículos dan cierta sensación de paz urbana. Miro los grupitos de mesas y sillas, y me llama la atención el aspecto de cada conjunto. Esperan que alguien los llene de vida, de encuentros, tertulias y confidencias.

Al otro lado de la calle, casi enfrente, hay un muro entre dos casas. No sé lo que resguarda; si el jardín de alguna de las casas, una obra, o simplemente un solar para la especulación. Quizá restos de otras viviendas, de esos que nos enseñan algo de la intimidad de un antiguo hogar. Hay un par de agujeros, podría acercarme y mirar… Qué tontería, me digo.

De pronto apareces ante mí. Con tus ademanes de juventud, algo nerviosa, con el brillo de la ilusión en los ojos. Nos saludamos, hablamos. Te gusta preguntarme cosas. Yo me recreo mirándote, me recreo en las respuestas. A veces levanto la mirada mientras hablo, buscando inspiraciones, estrellando mi vista contra aquel muro de enfrente. Luego me vuelvo de nuevo hacia ti. Y así transcurre el tiempo, convirtiendo mi mente en dos, la que te contesta y la que te observa... y en una tercera, la que se encuentra con esa pared, casi impertinente, cuando intento buscar no sé qué horizonte.

Pasa el viento, pasa la tarde. Mis ojos se detienen sobre los tuyos y los tuyos sobre los míos; y empezamos a sentir que ya no somos los mismos.

Junto al muro se instala un músico con su guitarra. Palpa la madera y ensaya algunos acordes modificando de vez en cuando la tensión de las cuerdas. Después cierra los ojos mientras enlaza notas aparentemente inconexas… Ya está. El instrumento y él se han encontrado, y la melodía comienza a sonar.

Decimos que toca bien la guitarra. En realidad, en estos instantes, ambos son una sola cosa.

Nuestras miradas vuelven a encontrarse.

Y ahora… ¿qué decidimos hacer?

Paseamos por la calle dejando de lado aquel muro y a su músico, que sabe del secreto de su guitarra como yo sé que tu mano espera la mía. Y nos alejamos de allí mientras contengo la tensión de la emoción y esa extraña curiosidad; haya lo que haya tras aquella pared, mi vida sería diferente al averiguarlo. Luego noto el calor de tu piel casi antes de que nuestras manos terminen abrazadas, sin atrever a preguntarme qué misterios habrá detrás de tu mirada. Sólo deseo sentir, como ese músico siente a su guitarra.


*Imagen, freepik.com / adaptación

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