9, Septiembre, 2019

Bienvenido al mundo

Se acerca mi cumpleaños, y aunque hace tiempo que ya no cuento mis años, siempre lo celebro, internamente; con una especial sensación y sentimiento de extraña alegría. Recordando a Angelus Silesius: "No sé quien soy, no sé de donde vengo, no sé a donde voy; me sorprende ser tan feliz". Esta es mi vieja carta a un niño nuevo.

Hola pequeño:

Acabas de nacer y, aunque no sabes leer aún, ya recibes una carta; pero quizá te sirva de algo si la lees cuando seas un poco mayor. Las cartas se han inventado para que las personas se digan cosas si no pueden hacerlo hablando o si están lejos unas de otras; por ejemplo, cuando salimos de viaje.

Hoy emprendes tú uno especial, el viaje de tu vida. Y dispones de muchos medios, puedes hacerlo en tren, en barco, en avión… También otros como tú lo inician hoy contigo; y más se irán añadiendo en el trayecto, día a día.

Si vas en tren, numerosos paisajes, ciudades y estaciones pasaran ante tu vista. Y pronto, tu tren estará tan lleno que casi no podrás respirar. Pero bueno, levantando la mirada, entre estación y estación tendrás ocasión de ver algún hermoso amanecer.

Luego, poco a poco, ese abarrotado convoy comenzará a despejarse. Tus compañeros de viaje se irán apeando y dejarán por fin su vida en estaciones que, con aspectos sugerentes, irán apareciendo sobre la marcha. A muchos les parecerá encontrar su destino y otros se apearán, por fin, aburridos y sin saber exactamente a dónde van. Tú puedes hacer lo mismo, decidirte por un sitio que te guste y quedarte allí para siempre.

Pero si ningún lugar convence a tu espíritu, si decides continuar, quizá te invada cierto temor al comprobar que vas quedándote solo, sin compañía en ese atiborrado tren inicial. No te preocupes, no te abandones en cualquier sitio sólo porque otros lo hacen. Sigue con tu viaje si así lo deseas; es tu aventura.

Algún tiempo después es posible que sientas la soledad más grande del mundo. Desconcertado, notarás el ritmo de una descompasada inercia, y tu tren se detendrá en un punto insólito, en una parada que no consta en ningún mapa, en un lugar solitario, sin caminos, raíles ni horizonte. En un terrible vacío, en un desierto casi infinito.

Pero no temas. Baja, camina despacio y levanta la mirada. Extiende entonces los brazos y comprobarás que tus manos no terminan en la punta de tus dedos; que puedes tocar las estrellas... Que llegaste ahí porque tú puedes construir el camino, tender raíles y crear horizonte.

No porque seas músico, pintor o poeta, sino porque tú eres la verdadera canción; la pintura real; la poesía necesaria.

Sé tú mismo.

 


*Imagen, Freepik.com, Brgfx

 

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