Miguel Ángel, la España de las dictaduras

A punta de pistola, como el general Franco


Todo se ha dicho ya sobre Miguel Ángel Blanco, y sin embargo nos sigue pareciendo que aún no es suficiente. Al menos para cierta cantidad de españoles, los que tenemos sentido común, y algún otro sentido más. Pertenezco a la generación que ha vivido parte de su vida bajo la dictadura y ha visto nacer, con sorpresa y alegría, nuestro estado democrático; pero que, además, ha tenido que vivir episodios muy crueles en su desarrollo. Si nuestros padres y abuelos ya vivieron los horribles episodios de la guerra civil, protagonizados por ambos bandos —con torturas y asesinatos particularmente espeluznantes por parte de la extrema izquierda, ratificados por víctimas y testigos directos de mi familia—, mi generación ha coexistido con un proceso democrático salpicado continuamente de crímenes imperdonables. Especialmente cruel fue el de Miguel Ángel, un asesinato que vivimos todos los españoles prácticamente en directo, transmitido minuto a minuto. Se me revuelve el alma cada vez que lo recuerdo, pasan los años y nunca son suficientes.

Y especialmente cruel, por inconsciencia, me parece la actitud de esta nueva generación de políticos que inexplicablemente nos ha tocado en suerte. Ni contándoselo con todo detalle, esta generación tiene la capacidad de percibir la gravedad, el dolor y sufrimiento, de la guerra civil y los asesinatos de ETA con los que nos desayunábamos frecuentemente, y juguetean inconscientes con estos extraños pronunciamientos de “Memoria democrática” o “Memoria histórica” que, más que unir, en alguna medida van consiguiendo dividirnos otra vez; un invento inicial del inefable Rodríguez Zapatero, que ha sido el peor presidente de España hasta la llegada del actual. Recuerdo que cuando fue elegido Secretario General del PSOE, algo ayudado, en detrimento de José Bono —gran error— por Felipe González, este decía, al pedírsele opinión sobre el nuevo secretario: “Tiene la mirada limpia”. Como el cerebro; la mirada es el espejo del alma y de la mente.

En aquella infancia y juventud mía coexistida con la dictadura, se me había desarrollado una particular curiosidad sobre cómo sería la vida tras la muerte del dictador. Me intrigaba qué cambios nos traería, y el panorama de la vida cotidiana, de la nueva etapa que aventuraba España. Así escribí entonces el artículo que ahora recuerdo tras estas líneas. Desde que lo escribí, hasta hoy día, no ha cambiado nada, quizá el resultado ha empeorado con estos políticos mediocres, extremistas e inconscientes, que se empeñan en despertar enfrentamientos olvidados por la gente de conciencia y sentido común: La España de las dictaduras >>

 

 

La España de las dictaduras

Miguel Ángel, la España de las dictaduras

A punta de pistola, como el general Franco


Todo se ha dicho ya sobre Miguel Ángel Blanco, y sin embargo nos sigue pareciendo que aún no es suficiente. Al menos para cierta cantidad de españoles, los que tenemos sentido común, y algún otro sentido más. Pertenezco a la generación que ha vivido parte de su vida bajo la dictadura y ha visto nacer, con sorpresa y alegría, nuestro estado democrático; pero que, además, ha tenido que vivir episodios muy crueles en su desarrollo. Si nuestros padres y abuelos ya vivieron los horribles episodios de la guerra civil, protagonizados por ambos bandos —con torturas y asesinatos particularmente espeluznantes por parte de la extrema izquierda, ratificados por víctimas y testigos directos de mi familia—, mi generación ha coexistido con un proceso democrático salpicado continuamente de crímenes imperdonables. Especialmente cruel fue el de Miguel Ángel, un asesinato que vivimos todos los españoles prácticamente en directo, transmitido minuto a minuto. Se me revuelve el alma cada vez que lo recuerdo, pasan los años y nunca son suficientes.

Y especialmente cruel, por inconsciencia, me parece la actitud de esta nueva generación de políticos que inexplicablemente nos ha tocado en suerte. Ni contándoselo con todo detalle, esta generación tiene la capacidad de percibir la gravedad, el dolor y sufrimiento, de la guerra civil y los asesinatos de ETA con los que nos desayunábamos frecuentemente, y juguetean inconscientes con estos extraños pronunciamientos de “Memoria democrática” o “Memoria histórica” que, más que unir, en alguna medida van consiguiendo dividirnos otra vez; un invento inicial del inefable Rodríguez Zapatero, que ha sido el peor presidente de España hasta la llegada del actual. Recuerdo que cuando fue elegido Secretario General del PSOE, algo ayudado, en detrimento de José Bono —gran error— por Felipe González, este decía, al pedírsele opinión sobre el nuevo secretario: “Tiene la mirada limpia”. Como el cerebro; la mirada es el espejo del alma y de la mente.

En aquella infancia y juventud mía coexistida con la dictadura, se me había desarrollado una particular curiosidad sobre cómo sería la vida tras la muerte del dictador. Me intrigaba qué cambios nos traería, y el panorama de la vida cotidiana, de la nueva etapa que aventuraba España. Así escribí entonces el artículo que ahora recuerdo tras estas líneas. Desde que lo escribí, hasta hoy día, no ha cambiado nada, quizá el resultado ha empeorado con estos políticos mediocres, extremistas e inconscientes, que se empeñan en despertar enfrentamientos olvidados por la gente de conciencia y sentido común: La España de las dictaduras >>