17, Enero, 2021

Meditaciones trascendentales

Whattsapp, redes sociales y futuro

ESTAMOS HIPOTECANDO LA LIBERTAD DE NUESTROS HIJOS

Estos últimos días los usuarios de Whattsapp hemos recibido un aviso sobre el establecimiento de nuevas condiciones que se deben aceptar si se desea seguir utilizando la aplicación. Tales condiciones, como siempre sucede con estas empresas multinacionales, que juegan a sacarle partido a nuestros datos e intimidad, son escritos largos, engorrosos de leer, con frases ambiguas redactadas con tal habilidad que la mayoría de los mortales se quedan en babia, se aburren de leer y tratar de interpretar o simplemente las aceptan sin más; sin pararse a estudiar y valorar qué conlleva su aceptación, en qué estamos convirtiendo nuestras vidas, ansiosas de emitir y de oír el sonido de notificación que nos hace sentirnos acompañados o importantes para alguien.

Muchas conversaciones ya desaparecen en las reuniones que podemos ver en cafeterías u otros lugares entre nuestros jóvenes, sustituidas por una continua atención al móvil, tecleando con frenesí en diálogos que están construyendo su perfil en los archivos ocultos de una multinacional: pagando el precio del gratuito servicio.

En las nuevas condiciones Whattsapps obliga a aceptar la utilización y, sobre todo, la agrupación de datos con los de Facebook e Instagram. Ante el preocupante revuelo mediático de los usuarios, pocos días después de comenzar a recibir las nuevas condiciones en los dispositivos, la empresa se ha afanado en publicar en medios informativos que las condiciones no van a tener incidencia relevante para usuarios de Europa. Yo comencé a leer las condiciones, me aburrí y no vi mucha claridad en sus explicaciones; con lo fácil que es explicarse sin rodeos lingüísticos cuando se quiere. Probablemente la razón de estas nuevas condiciones no sea el pedir consentimiento para utilizar los datos según sus conveniencias, sino en realidad para justificar —ante un posible descubrimiento— que ya lo están haciendo (Facebook ha llegado recientemente a un acuerdo extrajudicial para evitar cargos pagando 550 millones de dólares a usuarios de Estados Unidos por usar sus datos biométricos sin consentimiento (milenio.com). Por mi parte, ya he empezado a probar alternativas de código abierto, pues es necesario estimular la competividad también de la honestidad.

Hemos de ser conscientes de que la recopilación de datos puede ser un medio para el control de la humanidad por multinacionales y gobiernos —los servicios secretos— que van a usarlos (los están usando) para configurar el futuro del mundo. Los héroes, la gente original y brillante, la filosofía y la espontaneidad humana están siendo, poco a poco, anuladas. Estamos vendiendo, entregando nuestro futuro a cambio de comodidad, por inconsciencia y desconocimiento del poder de los medios de comunicación y las redes sociales. Los gobiernos ya tienen acceso a los datos almacenados por Google, Facebook, WhatsApp, Microsoft, y quizá algunas otras empresas más, probablemente a cambio de ventajas fiscales y tecnológicas para estas multinacionales.

Nuestra juventud de hoy es la más manipulada de toda la historia de la humanidad, y si no hacemos nada, los seres humanos del futuro serán manejados como esclavos al servicio de idearios, costumbrismos sociales —ya sucede— y consumos comerciales.

Solo queda la opción de hablar mucho de todo esto, abiertamente, para concienciar a los jóvenes que el día de mañana ocuparán los puestos directivos de las grandes empresas y las direcciones políticas de las naciones, esperando que cuando alcancen los resortes del poder actúen con honestidad y permitan a la humanidad vivir y desarrollarse en libertad sin usar su privacidad como moneda ni como sistema, salvo en patentes y necesarias urgencias sociales.

*Imagen, composición con originales de Freepik.com/Prostooleh y Freepik.com/Bizkette1


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