13, Septiembre, 2020

Meditaciones trascendentales

Realidad y conciencia


El instrumento produce,

el músico ejecuta, el compositor crea...

Pero las notas preexisten a cualquier cosa,

y toda composición es una realidad

que de pronto descubrimos.

Ingenuo de mí, que pensaba que creaba

y creía que pensaba.

Simplemente leo lo que pienso

y dibujo lo que veo...

¿Qué libro se abre a mi lectura

y qué paisaje a mi mirada?...

Exploro la inmensidad eterna

navegando en el mar de las posibilidades

sin saber si soy capitán o marinero,

qué luz ilumina las formas ocultas,

qué faro me guía, y a qué puerto.

Descubrir, crear..., ¿qué es la realidad?

Hace un instante, estos días, estos años,

desde que nací, incluso desde antes,

una miríada de circunstancias

se ha sucedido para que ahora

me pregunte por la verdad.

Yo también era posibilidad

y hoy soy conciencia.

Esta es la única respuesta.

 

Somos energía ralentizada, aprisionada,

transfigurada mediante la química orgánica;

experimentos individuales, únicos...

E intentamos comprendernos.

La energía no se crea ni se destruye,

y de su transformación nos servimos.

¿A qué sirve nuestra existencia?...

Si somos energía existiremos siempre,

y el ser humano sólo es «un estado».

¿Conservaremos después nuestro matiz,

nuestra conciencia?...

Puede que no haya «un antes»,

y que solo seamos caudal temporal

de continuidades permanentes

y variables infinitas, en donde

la conciencia es una cosa nueva, cosecha

propia de la manifestación humana.

Desarrollamos órganos que necesitamos

e inhibimos los que no utilizamos...

¿Es la conciencia el órgano

más sofisticado y delicado

de nuestra angustia existencial?

Quizá tampoco encontremos «un después»,

como objetivo, resultado o beneficio,

y crear un fin, un destino universal,

probablemente sea un asunto pendiente,

una responsabilidad nuestra.


*Imagen, Herriest, Pixabay

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