26, Octubre, 2019

Fantasía

Tal como comentaba en otro artículo, no me gusta mucho ver diariamente a un pájaro enjaulado. Tuve uno en casa, que me regalaron, y sintiendo en mí su contínuo encierro, intenté varias veces hacerle un pequeño favor ofreciéndole un poco de libertad. Descolgaba la jaula, la colocaba en el suelo de la cocina y tras cerrar ventanas y puertas, abría la suya para que se diera un pequeño paseo. Pero, sorprendentemente, nunca salía. Incluso, era curioso, ¡trataba de cerrar la portezuela con el pico!; lo cual demostraba, además de que era bastante listo, un gran temor a la libertad. Su actitud me inspiró cierta reflexión.

La fantasía no nos aleja de la realidad, nos acerca a ella, a su verdad y a sus secretos.

Es necesario imaginar para inventar. ¿Y qué es inventar sino descubrir lo que ya está? Y si crear es diseñar lo que no existe, construir nuevas realidades, ¿es posible hacerlo sin soñar?

Oigo a mi pájaro cantar en el balcón preguntándome si será consciente de la belleza de su canto, de su existencia. Silbo y me contesta cada día al darle de comer; ¿lo haría si no le diera?... ¿Puede imaginar una vida fuera de sus rejas?, ¿la desea?

Me acerco y le pregunto: «¿tienes sentimientos, sueñas?»...

Le abro la jaula y con el pico intenta cerrarla. Sorprendido, retiro la mirada de esa cárcel que es su casa y me asomo a la calle, y observo el tráfico, el jaleo urbano... pensando que quizá nosotros también hacemos lo mismo.

Cuántos libros cerramos, cuántos sentimientos apartamos y cuántos sueños olvidamos. En el fondo, tenemos lo que buscamos; piamos para comer, cantamos para olvidar, y en la jaula de nuestros miedos nos conservamos, muertos en vida, como cadáveres incorruptos.

El tiempo nos vuelve miopes a nuestras mentiras, a nuestros barrotes, hasta que un día, demasiado tarde ya, con ellos topamos.

Me alejo de mi pájaro, deseando también alejarme de la realidad de cada día, prefiero la verdad de mi fantasía. Sobre la mesa me espera el papel, como caballo blanco dispuesto a montarlo para cabalgar a su lado: «Sí, vuelvo a ti, eterna amante y fiel compañera. No sé a dónde me llevarás, pero sin ti ya he comprendido a donde se va: a cerrar la puerta de la vida, a vivir sin conciencia, a no amar de verdad, a piar para comer y cantar para olvidar; para olvidar la libertad».*

*Dios somos nosotros mismos, Antonio Miguel >>


*Imagen, diseño adaptado de freepik.com/gstudioimagen

Compartir

< Subir  -  Índice  -  Inicio >

 

Contacto: web;@!antoniomiguel.es - Editoriales, distribuidores y librerías: ediciones;@!antoniomiguel.es

 

Copyright © Antonio Miguel - Diseño adaptado: "Daily Magazine" by AF Themes />